Humanizar el riesgo. A propósito de la tragedia de Mocoa y los desafíos del arraigo

Duván H. López Meneses*

Un nuevo “desastre notable” arremete contra la sociedad colombiana. Y digo notable porque una exploración consciente de los sucesos habituales del país, sin necesidad de ser exhaustiva, permitiría reconocer la ocurrencia cotidiana de desastres menos notables en Colombia, emergencias y tragedias. Todo pasando apenas percibido constituyendo la historia nacional reciente,  ante el desconcierto o la indiferencia de una opinión pública abrumada.

Aún no se cierran las cifras definitivas y ya escandaliza la magnitud de los daños ocurridos en la ciudad de Mocoa. Sin embargo en mi opinión no debería sorprendernos lo acontecido. O es que ¿acaso no sabíamos ya tiempo atrás, por cuenta del comportamiento de los ríos Magdalena y Cauca (por poner referentes visibles), sobre la inestabilidad en la regulación hídrica del macizo Colombiano?. ¿No estamos hablando entonces del desequilibrio conocido, advertido y manifiesto,  de un potente enclave natural, que no es otra cosa que la principal estrella hídrica del país y me atrevería a decir una de las más fecundas en recursos hídricos fluviales a nivel mundial?.

No se necesita ser un experto curtido y conocedor del Putumayo para reconocer en las descripciones de Rodrigo Botero, en la revista Semana, un ciclo destructivo que opera en diferentes ámbitos y escalas del territorio nacional y aseguraría a escala del sur global.

Botero da cuenta con sus líneas de la interconexión entre la emancipación de la codicia a través de las transformaciones del desarrollo, bajo la precariedad y concupiscencia del Estado, y la degradación de cuencas y en particular del ciclo hídrico; único mecanismo por sus proporciones, capaz de acotar la capacidad destructiva que se ha manifestado.  ( Ver: http://www.semana.com/nacion/articulo/ambientalista-rodrigo-botero-explica-deforestacion-es-causa-de-tragedia-mocoa/520697).

Una consideración sensata de los procesos constitutivos del riesgo y por ende del desastre, conduce sin lugar a dudas a afirmar que “los desastres no son naturales”, emblema que popularizó en la década de los 90 la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres de América Latina (LA RED) con autores tan ilustrativos y elocuentes como Gustavo Wilches Chaux,  pero también con muchos otros, especialmente en América Latina.

Me atreví en el año 2012 a complementar al maestro Wilches Chaux, con un artículo publicado sin mayor resonancia obviamente, que proponía que “los desastres no son naturales pero tampoco humanos” (ver https://communsensus.blogspot.com.es/2012/01/los-desastres-no-son-naturales-ni.html).

La tesis central es que, si bien la naturaleza no es causante de la configuración del  riesgo y su materialización como desastre, lo cual es un proceso verificable en su carácter social, resulta que la arquitectura de tal riesgo revela la inhumanidad de nuestros procesos de desarrollo, las lógicas económicas, las lógicas del desarrollo de lo local, del ejercicio del gobierno, de la política, del territorio, etc.  

Me atreví en aquel momento a cuestionar a los grandes desastrólogos quienes, naturalmente (y humanamente), no saben de esta discusión pendiente y por ende no han contestado.   La pregunta era si nuestras sociedades acaso no están dejando de ser cabalmente humanas, y entonces, yace allí el origen de nuestros desastres. Pues en lo que a mi respecta, estoy completamente convencido de ello y cada vez me parece más evidente.

Esta concepción orientó mi labor entre los años 2012 y 2015 como Subdirector Técnico de Riesgos de Bogotá, curiosamente bajo la Alcaldía de Gustavo Petro, bajo el lema de una Bogotá más humana.

Estoy convencido que la labor de una agencia técnica de gestión de riesgos, está ligada a la humanización del Estado, las comunidades y el paisaje de los espacios afectados por este tipo de fenómenos. Los  satisfactorios resultados que hoy en día florecen o perduran, gracias a los proyectos implementados con esta perspectiva durante aquellos años, fortalecieron mis tesis. Para la muestra valdría la pena aproximarse a lo que ha ocurrió en Altos de la Estancia y Cordillera Sur en Ciudad Bolívar, o en la Parcelación El Triangulo en la localidad de San Cristobal (ver https://www.unescosost.org/project/altos-de-la-estancia/ ; https://www.unescosost.org/project/cordillera-sur/; http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/ecobarrios-en-bogota-una-apuesta-por-el-equilibrio-de-los-cerros-articulo-685193.

Mucho se podría decir con respecto a humanizar y la perspectiva de semejante empresa ante un escenario de tragedia como el que hoy atestiguamos en Mocoa. Una bofetada castiga la impotencia de nuestra sociedad, demostrándonos nuestra fragilidad, arremetiendo contra gente, inocente en gran medida de toda esta escalada inhumana disfrazada de sociedad, desarrollo, gobierno, progreso, legislación, planeación, Estado. Ojalá algo de la bofetada le llegue a los representantes políticos con responsabilidad sobre la situación y tambaleen también sus cómodas en la administración pública.

En lo que tiene que ver con Arraigo, hay que estar alerta. Este tipo de sucesos lamentables motivan una efervescencia simplificante, que propone seguir para adelante sin mirar ni al lado. Con las locomotoras a borrón y cuenta nueva.

Las fórmulas mágicas y los buhoneros están a la orden del día. Todo el mundo habla de las zonas de riesgo que antes no veía  y por supuesto, los derechos a la tierra tienen la motivación perfecta para ser suspendidos y reemplazados por ilusiones de vivienda gratis. Ya sabemos  lo rentables que resultan estas medidas, que incluso han perfilado al próximo posible presidente de los colombianos.

Pero como es la cosa: ¿el riesgo lo construimos entre todos, con el penoso papel protagónico del Estado en su omisión e inoperancia, pero entonces ahora al mismo Estado le corresponde la tarea de resolver el asunto?, y entretanto, ¿quienes pagan por la omisión y la construcción del riesgo social?.

Seguramente a quienes perdieron todo les procederá la declaración de zona de riesgo y por tanto la pulverización de lo que reste de su patrimonio, a los ojos de todos, con rejuvenecida legitimidad.

Los discursos autorizados o no ante la situación se encuentran al unísono reclamando más estado de excepción, más intervención vertical, asignación de vivienda, declaración de riesgo, mover a la gente para aquí, para allá; se validará la réplica de proyectos similares en otras zonas del país. Venga el sector de infraestructura e inmobiliario, de plácemes con la reconstrucción.

Hay que preguntarse desde el arraigo: ¿y la humanización de nuestra sociedad como estrategia de gestión de riesgos que?Pedigree_of_man_(Haeckel_1874)

Duván H. López Meneses

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4 respuestas a “Humanizar el riesgo. A propósito de la tragedia de Mocoa y los desafíos del arraigo

  1. que triste que nuestros paises se encuentren en esta situación, que el planeta entero lo este, porque no queremos comprender que dependemos de la naturaleza, frente a lo que dices de humanizar la gestión de riesgos para mi es humanizar todo!!! nos hemos convertido hace mucho en sociedades por y para el capital y eso nos esta destruyendo. 😦 muy chevere duvan tu articulo y seria bueno moverlo mas a ver si se abre una discusión académica frente al tema.

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  2. Un fuerte abrazo Vanesa. Sinceramente, gracias por tomarte el tiempo de leer mis diatribas y además comentarlas que ya es mucho pedir en estos días en los que estamos tan acompañados pero tan solos en las redes sociales.En último señas de las carencias de lo humano en nuestros días.

    Realmente creo que si que hay que trabajarle a la rehumanización de nuestras sociedades y especialmente en el Sur global, donde no hemos podido ponernos al día con las olas de humanismo que desde el renacimiento corrieron refrescando a Europa, pero que en su migración hacia nuestros continentes quedaron no solo incompletas, sino en mi concepto revertidas, haciendo aun más cruel el orden imperante.

    No es casualidad que haya sido precisamente con la independencia (alentada por estos aires humanistas), como se dio por ejemplo la estocada final a las autonomías y formas propias de los gobiernos indígenas en toda América y se consolidó la expansión feudal, mientras aquí en Europa se pasaba a los señores de los feudos bajo la guillotina.

    Humanizar, dignificar y su contrapuesto, deshumanizar se revela con profunda crudeza en la configuración del espacio de nuestros núcleos urbanos. Es inhumano, casi insoportable habitar la ciudad y eso para quienes vivimos bajo el manto del reconocimiento ciudadano que nos da una postura, un estrato, un nivel de educación o un ingreso mensual. Para el resto que queda si no es la barbarie manifiesta en cada rincón, insoportable hasta el punto en que la tenemos que dejar pasar por alto, a un suceso le prosigue otro peor, más hiriente en la humanidad y así vamos. Por eso para mi un desastre como el de Mocoa solo es ya una revelación tangible de algo dandose en crecento con la historia del territorio.

    No me extiendo más si se te ocurre algo para lo que dices, con mucho gusto. Yo estoy aquí intentando aclarar mis ideas, al menos ponerlas una sobre otra porque a medido que avanzo más profundo e inoscultable me parece el conocimiento pero bueno, ahí vamos

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