Carta a los pobladores del Arraigo

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Granada, España, Mayo 01 de 2016

Llevo casi  6 meses viviendo fuera de Colombia y no dejo de recordar cada día tantas cosas pendientes que han quedado allí. Promesas que tambalean en la cuerda floja y la promesa propia, a mis padres y luego a tantas amistades, de que la distancia no sería esa barrera infranqueable que me llevase al olvido y me arrumase en los extramuros del mundo.

Amores, pasiones y proyectos, con el tiempo y la distancia tienden al desvanecimiento, quizá por el protagonismo que cobra el que hacer cotidiano de la supervivencia que caracteriza a los que emigran. ¿Cuántos no se aferran a recuerdos y amuletos que en la lejanía evocan lo que dejaron atrás definitivamente?.

En el mundo globalizado, globalizarse es un “confort” que los migrantes en su gran mayoría no se dan. Las fronteras son abruptas, la economía no se compadece de las reminiscencias y lo que se llame vida continua muchas veces tras la ruptura o negación de las raíces de los extranjeros. Estamos hablando al fin y al cabo de diferentes formas de desarraigar.

La lucha por el Arraigo debe darse desde la certeza de ser “seres humanos”, mucho más que máquinas desconectables y reprogramables. El ser no es nada sin la relación dicen los pueblos quechuas y Aymaras, lo individual no existe, es una ficción creada para la manipulación por la “civilización” de occidente.

Relación con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestra madre que nos dio la vida, nuestro padre protector, nuestros abuelos, ancestros, su historia y su legado; con el lugar donde vivimos, el suelo que pisamos y por donde caminamos; con las cosas en las que creemos, lo que defendemos, todo nos relaciona al fin con algo, ni Dios mismo podría ser solo una luz en una nube, por eso es amor, es la relación misma, está ENTRE cada uno de nosotros; “es AMOR” ENTRE nosotros y todo lo que existe.

Estimo valiosa la lucha por el ARRAIGO y a quienes le apostamos, por supuesto desde nuestros diferentes sitios pero especialmente en los barrios, en las cinturones periféricos de Bogotá, en donde tantas buenas personas en medio de la hostilidad de la ciudad reivindican su vida, su humanidad, su amor y su futuro que les quiere ser arrebatado.

Por eso esta carta de agradecimiento a los pobladores del arraigo y de refrendación de la promesa que aun en la distancia y precisamente por esta, sigo acompañándoles en esta nuestra lucha.

Se vienen tiempos difíciles. De las maneras moderadas del desarraigo pasaremos a la profundización del chantaje, el engaño, la arbitrariedad y prepotencia. Hay que crecer y continuar unidos.

Saludo también a quienes desde procesos sociales, académicos, activistas o intereses intelectuales entienden lo que está en juego y respaldan una exploración frente a las políticas públicas y el desarraigo, les propongo que continuemos pensándonos esto y abriendo paso a nuevos paradigmas y formas de vivir ¡donde quepa todo el mundo!

Duván López

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